Loader
Humanizar el marketing en tiempos de IA

La IA nos está volviendo gilipollas, vagos y clones.

Si leo un texto más con las mismas estructuras, muletillas y moralina plana, me pego un tiro.

Ojo. Creo en el progreso y, cuando sale una herramienta nueva, me la estudio, la investigo, juego con ella y la exprimo hasta que descubro cómo integrarla en mi sistema de trabajo para agilizar procesos y mejorar resultados.

Lo que no permito es que me controle, anestesie mi creatividad y me robe el alma, matando lo que me diferencia, para convertirme en ruido y camuflarme entre millones de contenidos que suenan igual y cuentan lo mismo.

De verdad, prefiero un texto mal escrito a uno hecho por IA. Perdono hasta las faltas de ortografía. El hartazgo me consume.

Domestica a tus robots

La inteligencia artificial es una realidad del presente y del futuro. Y admito que, bien usada, es un chollo. Siempre que el usuario sea el que dirija y no quien copia y obedece.

La cuestión es: ¿tenemos claros nuestros roles?.

Porque la creatividad, el criterio y el pensamiento, tienen que seguir siendo territorio humano. Y eso no es negociable.

La IA ayuda y agiliza, pero no piensa por ti, no hace por ti y no te entrega versiones definitivas de nada.

Tú tienes la idea, tú marcas las pautas, tú la corriges a ella (nunca al revés) y tú limpias los textos que te da, eliminando toda estructura y muletilla apestosa y roba-almas, para seguir siendo tú y que tus trabajos huelan a ti y no a cable quemado.

Destacar entre ruido y fotocopias

Queremos protagonismo y notoriedad, que los contenidos que creamos destaquen entre la multitud, tengan la capacidad de hacer que quien navega entre el ruido se pare a ver lo que hacemos y perciba nuestra esencia, lo que nos diferencia y nos convierte en mejor opción que nuestra competencia. Eso solo se consigue con autenticidad, creatividad, criterio y estrategia.

Y, si todos pedimos lo mismo al mismo robot, acabamos diciendo lo mismo, siendo fotocopias con mala resolución, un rebaño de ovejas que siguen la línea que traza una máquina…

Tenemos la responsabilidad de humanizar el marketing en tiempos de IA y de rebelarnos para que los bots no nos posean.

La IA es un becario pelota, aprende a tratarlo

La IA es un becario pelota y obediente, que lucha por hacerse imprescindible diciéndonos siempre lo que queremos oír. Hay que educarla, entrenarla, enseñarla a trabajar a nuestra forma, a entender lo que nos diferencia y a ejecutar tareas sencillas, que nos roban el tiempo que necesitamos para pensar, crear, tomar decisiones y destacar en un mercado saturado de clones automatizados.

Cuando el becario pardillo entrega lo que le hemos encargado, hay que corregirlo y explicarle bien claro cuáles han sido sus errores y cómo evitarlos en próximas tareas.

De verdad, necesitamos parar esta epidemia de textos, flyers, diseños, ebooks y guiones fabricados en serie, con prisa y pereza, sin pensamiento crítico ni alma humana.

¿Queja u oportunidad?

Suena a queja, aunque también a oportunidad. Porque, en el reino de los ciegos, el tuerto es el rey. Y cualquiera que se lo curre un poco, piense un mínimo y esté dispuesto a remangarse para rematar con intención lo que le da la IA, lo tiene fácil para destacar.

Cuando el humano agarra la batuta con fuerza y dirige la orquesta artificial se nota muchísimo, sube la calidad, la autenticidad, la personalidad de cualquier tipo de contenido … y, a esto, lo llamo “artesanía digital”.

Artesanía digital

Pago la versión premium de varias herramientas de IA y las uso para documentarme, investigar, buscar referencias, optimizar tiempos en algunos procesos …

Rara vez acierta a la primera y, a menudo, me acabo cansando de corregir tanto y me reprocho haber entrado en ese bucle desesperante porque, de verdad, pienso que, en casi todos los casos, tardaría menos y lo haría mucho mejor, enfrentándome a la temida pantalla en blanco. De hecho, cada vez lo hago más.

Dirige tu orquesta artificial

Abreviando: que aquí mandas tú y no el becario pelota. Ponlo en su sitio, trázale buenas directrices, déjale claro que ha venido a aprender, a mejorar y a adaptarse a tu sistema de trabajo, a tus ideas y a tu criterio. Hazle las correcciones que hagan falta, combina herramientas, prueba, equivócate, decide cuál es mejor para qué, organiza tu orquesta artificial y dirígela, sin dejar que te hipnotice y acabe haciendo de tu proyecto su cortijo.