
[un lujo que las máquinas no se pueden permitir]
«Clear is kind. Unclear is unkind«. Traducción: Lo claro es amable. Lo ambiguo es cruel.
No es una frase mía. Es de Brené Brown, que define la falta de claridad como una forma de protegernos, para evitar que nos juzguen y quedar mal. La considera una falta de respeto al otro, por dejarlo en un limbo de incertidumbre.
La ambigüedad es un refugio cómodo que no paga el precio de la renuncia.
Tomar decisiones implica matar otras opciones y la claridad requiere el valor de aceptar ese duelo.
Kierkegaard decía que «la angustia es el vértigo de la libertad». Y a mí me gusta llamar «taconazos» a las decisiones que tomas con miedo y valentía, porque son auténticos actos de existencia.
El carácter nace de las aristas, de las imperfecciones y de las posturas incómodas. La IA, como diría Nassim Taleb, carece de skin in the game, porque no tiene la capacidad de sufrir las consecuencias de sus decisiones y nos ahoga en un océano de tibieza aceptable, en el término medio y en esa zona gris que no ofende (ni emociona) a nadie.