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El buen gusto no es subjetivo

Menos mal que quien dijo que “sobre gustos no hay nada escrito” es anónimo. Porque la única verdad indiscutible sobre esto es que aquel ser había leído poco. Y, aun así, coló su barbaridad en el refranero.

Popular y bueno (o bonito) son cosas distintas.

Volviendo a la joyita, se considera una variante del dicho latino De gustibus non est disputandum (sobre los gustos no se ha de discutir), recogido en textos legales del siglo XVII.

Desde entonces, ha llovido bastante. Y hay muchísima literatura sobre estética.

Hume afirmó que, aunque el gusto parece subjetivo, existe un estándar basado en la experiencia y el refinamiento de alguien con sentido delicado y sin prejuicios, capaz de identificar la calidad y la belleza.

Por su parte, el sociólogo Pierre Bourdieu sostiene que el gusto no es algo innato, se cultiva y se construye a nivel social y funciona como una forma de capital cultural, basado en la educación y en el contexto.

En el mundo contemporáneo, se asocia a la calidad, la atención al detalle y la distinción frente a la cultura de masas.

Robe Iniesta fue más directo: “Que le gustes a mucha gente no quiere decir nada, porque la mayoría de la gente es idiota”.

El buen gusto se nota y destaca entre la multitud. Por tanto, es incompatible con la idea de seguir modas y tendencias, que tendría más que ver con obediencia, sumisión a lo popular y falta de criterio y personalidad.

 

O te camuflas entre la masa, te adaptas a sus estándares y te limitas a ser uno más o te rebelas frente a ello, apuestas por un estilo propio y te diferencias de la mayoría.

 

Para destacar hay que ser valiente y trabajar el autoconocimiento.

Nadie es perfecto, la estética tampoco. Por eso, la belleza está en la imperfección y en la autenticidad.

Prueba de ello es que el lujo siempre ha estado vinculado a la artesanía, a lo hecho a mano, por personas que se equivocan y que, aunque sigan un patrón, producen piezas únicas, con pequeñas diferencias que se traducen en exclusividad. Su valor supera con creces al de cualquier cosa producida en masa.

Las redes sociales están saturadas de vídeos cortos creados por personas que hablan rápido y a voces. Aseguran tener la fórmula para resolver el contenido de un mes entero, en pocos minutos. ¿Sus soluciones infalibles? Automatizaciones que cruzan IA con herramientas de diseño para no diseñadores. Todo para que puedas irte a la playa mientras las máquinas trabajan por ti. La epidemia de las plantillas, la prisa y la ley del mínimo esfuerzo nos infecta vivos. Ahora, todo suena casi igual, correcto, lógico… y sabe a producción en masa, barata, carente de autenticidad y de creatividad humana.

Ya no me da pena, aunque sí un poquito de coraje, que se me pasa si pienso un poco y veo claro que, esta plaga de vagos, supone una oportunidad maravillosa para quienes se atrevan a rebelarse, conocerse y destacar. Asumiendo que eso implica currárselo más que el resto, cometer errores y transformarlos en aprendizaje, belleza y artesanía digital.

La resistencia actual trabaja con calma, entrena el pensamiento crítico y crea más de lo que consume. No es popular, se distancia de la masa con orgullo y protege su propia voz.

Hablamos de buen gusto, pero también de marketing, de comunicación, de diseño y de estilo de vida.

Lo bonito es que todos tenemos la opción de elegir si queremos ser las ovejas blancas y obedientes que siguen al rebaño o las negras que se descarrilan para descubrir nuevos territorios y crecer en libertad.

Y tú, ¿a qué grupo perteneces?